Gregorio Marañón: “El Greco y Toledo”

Archivado en (Livros) por Pablo González Blasco en 22-11-2010

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Gregorio Marañón: «El Greco y Toledo». En Obras. Completas. Volumen VII, pgs. 413-538. Espasa Calpe. Madrid. 1971.

    Nos brinda Marañón en este ensayo, un estudio histórico profundo, de dos de sus grandes amores: Toledo y el Greco. Porque Marañón es así de transparente cuando escribe y cuando algo le apasiona lo deja entrever sin miramientos. Me recordó una de sus consideraciones -que suelo utilizar con frecuencia- cuando afirma que el hombre honrado es esencialmente entusiasta, porque le pasa como a las mujeres, que sólo muestran lo que saben ser estéticamente conveniente.

    Marañón tenía un cariño especialísimo a Toledo, y en su Cigarral de Menores escribió muchos de sus libros. Y desde esa perspectiva, analiza la figura y obra del Greco, llegando a afirmar que el Greco, sin Toledo, no sería lo que es. Doménico Theotocopuli, llega de Italia como asustado con la exuberante pintura de los maestros del renacimiento a quien interiormente critica. Y en Toledo encuentra ambiente fértil para que su pintura mística, vertical, estilizada, fructifique. Un Toledo que no es ajeno a los fenómenos místicos de la España del siglo de Oro, donde la espiritualidad cristiana tradicional y reglada, convive con las culturas árabes y judías. Y esta convivencia es, según D. Gregorio, elemento que favorece los vuelos místicos, pues las creencias occidentales se airean con vientos orientales, sutiles y etéreos. El resultado es, como sabido, de amplio espectro, extendiéndose desde las epidemias de alumbrados, hasta la mística verdadera de Teresa de Ávila, o Juan de la Cruz, pasando, sin duda, por la pintura ascensional de El Greco.

    El ensayo es una disertación a fondo de la obra de El Greco y de su personalidad peculiar que cautiva a Marañón. Ya sabemos lo mucho que estas personalidades extraordinarias –es decir, poco corrientes, no necesariamente excepcionales- atraían al médico humanista. Y para entender el Greco, Marañón analiza el ambiente de la España del siglo XVI, la cultura reinante, el Toledo de la época, los personajes contemporáneos a Theotocopuli. Y nos cuenta la historia del pintor, utilizando sus cuadros como marco de los trazos de su personalidad. Las mujeres –pocas, siempre la misma, posiblemente la mujer-amante, madre de su único hijo; los cuerpos estilizados, las manos –lo más expresivo del Greco, que decían todo lo que sus rostros callaban-, el sufrimiento sin sangre, los planos humanos y celestiales. Y en ellos, retratados, amigos, y personajes contemporáneos que, como Dante, sitúa en la tierra o en el Cielo, de acuerdo con su personal apreciación.

    «El Greco y Toledo» ofrece la siempre confortante lectura de una prosa elegante, clara, donde uno aprende y piensa –es obligado a pensar, afortunadamente- pudiendo o no estar de acuerdo con las opiniones pictóricas y artísticas de Marañón. Lo que es seguro es que, después de leerlo, las visitas a Toledo y los encuentros con las pinturas de El Greco no serán los mismos.

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