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Carlos Pujol: ”Los Fugitivos”. Menoscuarto. Palencia. 2011. 150 pgs.
Tenemos aquí una historia inverosímil, pero muy bien contada. Ficción encajada en la realidad, y la realidad es Roma, durante la Segunda Guerra Mundial, 1943. Los italianos empiezan a pensar que los carismáticos discursos del Duce desde el Palazzo Venezia no serán suficientes para ganar la guerra. Entra en escena un capitán español con la misión de rescatar a un inglés, que responde al nombre de Bond, James Bond. El resto, hay que leerlo.
Carlos Pujol es un escritor prolífico pero poco conocido, que escribe maravillosamente bien. Inevitable pensar, mientras te delicias leyendo: Por qué no escribiré yo más, quizá una novela, con lo fácil que parece? Es la tentación inevitable que surge al contacto con un hábil contador de historias, que trata el lenguaje con elegancia. Un contagio de cultura, y de provocaciones narrativas. Quizá escribimos poco, porque leemos poco, y lo que leemos casi nunca es de lo mejor, de lo que te anima a escribir porque parece sencillo.
Las 150 páginas se hacen cortas, porque son suculentas. Repletas de humor fino, de lo más castizo, maneja los personajes con soltura, los borda a golpe de frases, de gestos, de silencios. Con ingenio, salero, elegancia. Una sorpresa agradable. Habrá que descubrir más de cerca la obra de Carlos Pujol.

Una novela de novelas. No solo novelas sino sueños, fantasías oníricas, mezclas de personajes reales con imaginarios, al tuntún, como si el autor dirigiera un gran teatro del mundo. Esta es una de las pocas frases que anoté y que lo explica bien: “Había dos mundos, uno visible y real y otro invisible y mío, y yo me adaptaba mansamente a las normas del primero para que me dejaran refugiarme sin demasiada molestia en el segundo”. Y otra, para que no haya dudas: “Nos unía lo que no éramos más que lo que éramos, lo que ninguno de los dos nos atrevíamos a ser”.
La simpatía por Jiménez Lozano se la debo, como muchas otras cosas, a mi hermano Pedro. Me venía instruyendo, desde hace mucho tiempo, sobre la obra del abulense. Un día me escribió: “¿Has visto que a Jiménez Lozano le han dado el premio Cervantes? Bien que te lo advertí yo”. Para aquel entonces ya había tenido oportunidad de leer algunos de sus libros, siguiendo el feliz consejo fraterno.
No recuerdo que fue lo que me animó a comprar este libro hace ya casi un año. Por lo que me conozco, debe ser alguna crítica que leí y me atrajo el tema, o mejor, la característica cronológica y narrativa. Son los años que se siguen a la guerra civil, donde las dos Españas continúan presentes; desde crio recuerdo que siempre lo han estado, incluso en la misma familia, y eso que yo soy mucho posterior. La prosa de Marsé fluye con facilidad, y aunque escribe en castellano se le nota muy catalán. Imagino que después de ganar el premio Cervantes en 2009, tiene motivos suficientes para continuar escribiendo en castellano, sin preocuparse con susceptibilidades regionalistas.