Domingo Villar: La playa de los ahogados

Archivado en (Livros) por Pablo González Blasco en 14-07-2011

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Domingo Villar: La playa de los ahogados. Siruela. Madrid. 2010. 445 pgs. (12aEd)

     Tengo en mis manos la 12a edición de esta nueva entrega policiaca de Domingo Villar. Doce ediciones en un año, marca presencia, ha tenido eco entre los lectores. Entre ellos mis hermanos, que me lo recomendaron y a quien siempre hago caso, porque aciertan y porque conocen mis gustos literarios.

     Acompañamos al inspector Leo Caldas, que vive y trabaja en Vigo –ciudad natal del autor- investigando la muerte de un marinero, aparentemente un suicidio, en una aldea de pescadores. El escenario es de lo más gallego posible; en el fondo -barcos, toda la variedad de aparejos de pesca, lonja de pescados con subastas- y también en la forma – preguntas que se sortean con otras preguntas, monosílabos, respuestas que son silencios y miradas. Leo Caldas me recuerda a Rick (Bogart) en Casablanca, en su empeño por encubrir con una postura intelectual casi cínica los sentimientos de un buen corazón. Un Bogart gallego, naturalmente.

     Se nota –creo que Villar lo hace con mucho orgullo- como la pasión telúrica del autor es, por lo menos, tan grande como su gusto por la novela policiaca. Las descripciones, los razonamientos, las hipótesis, los sospechosos, las víctimas; todos son pasados por agua, por el agua marina, con regusto de salitre. El mar es el gran protagonista, y Leo Caldas se acopla en su papel de coadyuvante. A quien no le atraiga nada el mar, corre el riesgo de que la novela le canse, aunque el argumento entretiene y prende al lector, sobretodo en la segunda mitad del libro. Al final, se trata de una novela policiaca genuina, pagados los impuestos marinos y las sutilezas y vaguedades gallegas. No estamos hablando de, por ejemplo, Los Trabajadores del Mar, de Victor Hugo –donde no hay como evitar el protagonismo oceánico-, sino de literatura de suspense, con sus crímenes, emociones y sorpresas.

     Una buena diversión, en compás gallego, que –ya lo he dicho- me provocó reminiscencias de Bogart en Casablanca. “¿Por qué viniste a Casablanca, Rick? –pregunta el inspector Renault. “Por las aguas”- responde Bogart. “Pero ¿qué aguas si esto es un desierto?” –indaga el inspector. “Fui mal informado” –afirma Rick. Casi me imagino que Leo Caldas es capaz de decir que vino a investigar un crimen en el desierto, y se encuentra con el mar, porque le informaron mal. Lo mismo, pero al contrario. Definitivamente gallego.

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